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Valentin

VALENTIN, LA OTRA TRANSICIÓN.

La denominada Transición Española no fue un proceso histórico pacífico.

Muchas de las personas que lucharon contra las políticas y pactos de las élites han sido olvidadas y ninguneadas por el silencio consciente de la transición oficial.

Valentín González, joven trabajador afiliado a la CNT y asesinado por la policía durante la huelga de Abastos en junio de 1979 en la ciudad de Valencia, fue una de ellas.

Con este documental recuperamos su historia y tratamos de reconstruir una parte de nuestra memoria colectiva vinculada al movimiento obrero y libertario.

Esta película producida por la Confederación General del Trabajo, que cuenta con la participación de Emili Cortavitarte, Antonio Pérez Collado, Mariano Sánchez Soler, Miren Etxezarreta o Dolors Marín entre otras, ha sido elaborada por un equipo de personas vinculadas en su mayor parte a nuestro sindicato.


celuloidecolectivo_clean_smallTítulo original: Celuloide Colectivo El Cine En Guerra

Director: Oscar Martín
Guión: Oscar Martín y David Martín
Producido por: Nadie es perfecto, Just Films
Con la colaboración: ICAA y UJI
Productor: Kiko Martínez, Joan Ginard
Productor ejecutivo: Ramiro Acero, Miguel E. González
Productor delegado UJI: Javier Marzal
Montaje: David Martín
Director de producción: Enrique Pallás, Jose Jaime Linares
Ayudante de dirección: Robert Arnau
Dir. fotografía: Juan Plasencia
Interviernen: Juan Mariné, Vicenta Estívalis, Basilio Martín Patino, Luis Rubio Chamorro, Ken Loach, José María Claver Esteban, Román Gubern, Juan Antonio Ríos Carratalá, Alfonso Del Amo, Just Casas, Julio Pérez Perucha, Albert Girona, José María Caparrós Lera, Josep Lluis Sirera, Emeterio Diez Puertas, Concha García-Bragado Acín, Colette Durruti, Ramón García-Bragado Acín, Heleno Saña, Mercè Ibarz, Alejandro Montiel, Manuel Vicent.
País de producción: España.
Año: 2009
Duración: 85 min.
Distribución: Tema Distribuciones. A la venta en DVD por 11,95 €, compralo aquí.

En julio de 1936 tiene lugar el levantamiento militar contra la República que inicia la terrible Guerra Civil Española. Las calles son tomadas por la clase trabajadora, para los anarquistas empieza la revolución social.

Los espectáculos públicos pasan a ser socializados, surgiendo un modelo de producción y exhibición de películas nunca antes visto en la historia del cine. Así, los trabajadores son los dueños y gestores de la industria, mediante el sindicato.Entre la amplia producción de películas realizadas, destacan los documentales educativos y de propaganda, largometrajes de ficción, comedias, musicales infantiles, y la película más costosa del cine español hasta la fecha. Bajo tan ecléctica producción vemos folletines dramáticos, antecesores del neorrealismo, influencias del realismo francés, vanguardismo de inspiración soviética. Una variopinta y fascinante cinematografía.

¿Y qué pensaban los espectadores? La gente quiere entretenerse, ver otros mundos alejados de la guerra y de la dura rutina, y eso se lo proporcionan las películas de Hollywood.

Los ojos de la cámara registran la palpitante realidad de unos hechos que hoy poseen un extraordinario valor documental, como testimonios vivos de la historia.

El Cine anarcosindicalista

Del libro “Historia del cine Español” de Seguin, Jean-Claude. Madrid: Acento Editorial, 1996

La CNT, fundada en 1911, había creado en 1930 el SUEP, Sindicato Único de Espectáculos, que le permitía tener una visión de conjunto de toda la cadena del espectáculo cinematográfico. Al inicio de las hostilidades de la guerra civil, requisa en Barcelona los estudios Orphea y Trilla. Los anarquistas, que se dan cuenta de la importancia del cine, van a hacer de él un eficaz instrumento de propaganda. El director de la revista Popular Film, Mateo Santos, rueda ya en Julio de 1936. A partir de trabajos de Ricardo Alonso, el primer documental de la guerra civil: “Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona”. Esta inmediata respuesta a la sublevación militar une la violencia verbal con la dureza visual y en ella los enemigos quedan bien señalados: “Los militares sin honor” y “Los cuervos de la Iglesia”. La desmesura en el reportaje será recuperada luego por los franquistas con fines de contrapropaganda, y filmarán escenas de enorme violencia como la de las momias de religiosas expuestas a las puertas del convento de las Salesianas. La producción de cortometrajes, más de sesenta, es claramente militante: “Barcelona trabaja para el frente” (1936), de M. Santos, plantea el problema de la alimentación de las tropas y la amenaza del racionamiento, “Prostitución” (1.936) alerta contra esta práctica, “El frente y la retaguardia” (1.937), de Joaquin Giner, es un mensaje de libertad al género humano, y “Bajo el signo libertario” (1.937), expone los principios libertarios aplicados, parcialmente, en Aragón.

La ficción también permite instruir: “Barrios bajos” (1.937), de Pedro Puche, y sobre todo “Aurora de Esperanza” (1.937) de Antonio Sau, son películas neorrealistas realizadas antes de su hora. La influencia del realismo poético se deja sentir en “Barrios bajos”, obra en la que un joven abogado asesino y una joven muy cortejada se refugian en casa de un estibador de buen corazón. El estilo, desmañado, recuerda, a veces, el cine negro de Duvivier o de Carné. “Aurora de esperanza”, por el contrario, es un logro en lo que se refiere a su progresión dramática, y la imagen en la que Juan, el parado que se rebela para que nazca un día nuevo, explica a su hijo “que aquí también hay hombres que se van a encargar de repartir los juguetes”, es emocionante. El cine anarquista se orienta también por otras vías sorprendentes como sucede en “¡Nosotros somos así!” (1.937), de Valentín R. González, comedia musical escrita en verso con una cierta dosis de admiración por Betty Boop y el cine de animación americano. Del resto de la producción habría que retener la comedia “Nuestro culpable” (1.937) de Fernando Mignoni, “Paquete el fotógrafo público número uno” (1.938), de Ignacio F. Iquino, en el que intervienen Paco Martínez Soria y Mary Santpere, dos cómicos que harán carrera, y “¡No quiero…no quiero!” (1.938), de Elías, sobre un texto de Benavente y cuya ambigüedad de tono le valdrá el seguir siendo distribuida después de la guerra. A partir del verano de 1.937, la producción anarcosindicalista empieza a flojear sensiblemente.


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